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LAS POÉTICAS DEL SIGLO XX
(extracto) de Raúl Gustavo Aguirre
LA METAMORFOSIS DEL LENGUAJE
Si el lenguaje, en poesía, ha de servir a otros fines que los de expresar bellamente una idea, si ha de superar las «intenciones descriptivas o instructivas»5; si, en suma, se constituye en una razón que va más allá de lo racional, no debe extrañar por lo tanto que termine por trastornar y desconocer las estructuras tradicionales de la gramática, determinadas por la finalidad —propia de la prosa— de expresar contenidos lógicos. Todos aquellos valores sobre los que se constituye un lenguaje analítico están sujetos a sufrir alteración. Las palabras, por ejemplo, tienen tres niveles de significación que el lenguaje analítico convierte en uno solo: el gráfico (la escritura en sus distintas formas), el fonético (la pronunciación, el sonido) y el semántico (el significado en sus diversas direcciones: recto, traslaticio, etc.). En el lenguaje poético los niveles gráfico y fonético pueden adquirir, cada uno de ellos, por separado, un valor signi- ficante mayor que el habitual. Una palabra escrita con letras mayúsculas y aislada del contexto puede asumir valor inusitado; dos o más palabras que habitualmente estarían separadas por una coma pueden adquirir otro matiz si ésta se elimina; las palabras pueden escribirse incompletas o separarse sus sílabas en el espacio, o intercalarse otras palabras entre sus sílabas, o utilizarse solamente sílabas o letras iguales o diferentes en una serie más o menos extensa; puede escribirse una palabra en lugar de la que correspondería lógicamente para obtener un efecto inesperado, ya fuere por contraste, por similitud fonética pero no semántica, etc., etc. De hecho, todas estas posibilidades han sido utilizadas en la poesía del siglo XX. Y a esto tenemos que agregar aún la supresión de los nexos, las irregularidades en la sintaxis y la aparición de construcciones nominales de tipo absolutamente nuevo, como la célebre «el rocío con cabeza de gata» de los surrealistas, que llevan a sus últimos límites los viejos tropos de la retórica y la poética tradicionales. Aunque no importe discutir aquí la cuestión, mencionaremos que, para algunos autores, el lenguaje así «alterado» sigue siendo significativo. Sólo (y nada menos) se han ampliado las posibilidades de significación más allá del tablero semántico, pero sigue habiendo «sentido» y aún racionalidad en estas nuevas expresiones que únicamente se han apartado del lenguaje utilitario corriente para poder expresar o concretar nuevas «significaciones». Para decirlo con una frase del poeta Max Jacob, «significación no quiere decir presencia de una idea». Y, para algunos, que la poesía explore este dominio completamente inédito del habla es precisamente su tarea y su justificación.
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5. RIMBAUD, ARTHUR. Una temporada en el Infierno. Caracas, Monte Ávila, 1976, p. 14.
RAÚL GUSTAVO AGUIRRE
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